La importancia de escuchar

“Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.”  - Winston Churchill

En el ir y venir de la vida,  pareciera que solamente tenemos tiempo para oír y no para escuchar. Hay tanto que hacer, tantas metas en el trabajo, objetivos en nuestro núcleo familiar, además de los retos propios. Nuestra cabeza se llena de mucho material y ya no generamos los espacios para escuchar o que nos escuchen.

La comunicación efectiva, con una persona a quien no escuchamos, es imposible. Escuchar activamente,  es un reto que hoy en día tenemos todos, para mejorar nuestras relaciones con aquellos que nos rodean.

Pequeñas cosas que nos ayudan a escuchar o ser escuchados pueden ser practicadas día a día hasta que se conviertan en hábitos. Preparar una conversación puede parecer algo agotador o irreal, pero si de verdad queremos lograr resultados debe trabajarse en ello. Algunas implican generar el espacio necesario. Si tenemos prisa o un reto por delante, es preferible postergar la conversación. Si el ánimo es inadecuado, seguramente no habrán resultados positivos.  Por ejemplo, en medio de un disgusto, difícilmente se será escuchado o escucharemos. La emocionalidad estará gobernando la situación.

Una vez tengamos el tiempo, la calma, el ambiente, el tono y el acierto para conversar, hay otro factor importante: es más productivo hablar de la situación y no de las personas. Así, se evita atacar o herir.

Tener claro lo que estamos tratando de decir es muy importante, así como asegurarnos de comprender lo que nos comunican. Por esto, hacer la indagación necesaria nos puede asegurar que estamos entendiendo lo mismo. Estar listos para escuchar al interlocutor, aunque no nos guste lo que nos diga, debe hacerse sabiendo que siempre hay consecuencias. Para bien o para mal, lo que nos digan, podremos intentar entenderlo, en lugar de que ocurran incidentes no deseados, donde no entenderemos el comportamiento del otro, y la comunicación fallará.